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Arte y cultura

La 'Transfiguración' de Rafael

por William F. Wertz

En 1517 el cardenal Giulio de Medici le encargó a Rafael Sanzio su pintura "La Transfiguración". Según Vasari, cuando Rafael murió el Viernes Santo de 1520 se colocó la pintura, aún inconclusa, "a la cabeza del difunto, en el cuarto donde trabajaba". Giulio Romano terminó la pintura.

Esta pintura de Rafael refleja las ideas de Nicolás de Cusa, expresadas, entre otras obras, en su De visione Dei, De coniecturis, y De filiatione Dei. La pintura se divide verticalmente en tres secciones que representan los tres niveles de la conciencia humana. Mediante el uso de la luz y la sombra, Rafael logra transmitir la cadena de sucesos representados en las tres secciones, como si existiesen simultáneamente en un solo momento eterno.

La sección inferior muestra una escena agitada: una madre y su familia traen a un niño poseído por el demonio, para que lo curen, pero los nueve apóstoles no lo pueden curar. Se muestra a los apóstoles perdidos en la oscuridad, incapaces de curar al niño porque les falta la fe en Cristo en tanto Palabra o Logos encarnado. Al mismo tiempo, una luz divina emana de la figura de Cristo en la sección superior; una luz que, al iluminar la escena inferior, predice la capacidad de Cristo de curar al niño cuando descienda de la montaña, y también las futuras capacidades de los apóstoles. Comparte esta capacidad, en potencia, el espectador, cuya atención está dirigida a Cristo, representado como la solución por los dos apóstoles que lo señalan y por el gesto del niño y otro apóstol, que extienden sus manos hacia Él. Así, Rafael muestra que la fe en el poder de la razón y del amor vence al mal, que no tiene existencia positiva.

En la sección del medio, los tres apóstoles que ascendieron con Cristo al Monte Tabor están cegados por la luz, y retroceden por temor a las repercusiones de la Transfiguración de Cristo y Su identificación como el Hijo de Dios. Sus acciones posteriores demostrarán, sin embargo, que también ellos, al igual que todos nosotros, podemos ser hijos adoptivos de Dios, si armonizamos nuestras mentes con la palabra de Dios.

Rafael muestra a Cristo transfigurado en una nube radiante, elevado para sugerir su posterior resurrección y ascención. La presencia de esta luz divina confirma que Cristo es la Palabra o Logos, mientras que Moisés y Elías aparecen a Su lado para sugerir que Cristo es el Mesías, que ha venido a cumplir la Ley con amor.

Mediante esta extraordinaria composición, Rafael plantea al espectador el reto de que, para ver a Dios, uno debe elevarse por encima del reino de la percepción sensorial y de la lógica deductiva, para entrar en el "tercer cielo" de Cusa, de la razón creativa. Este es el significado de ser hijo adoptivo de Dios.


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El presente artículo lo publicó originalmente la revista Benengeli, en su edición del cuarto trimestre de 1995, vol. 10, núm. 2.


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