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Robert Beltrán, actor y director
'Al trabajar con estos jóvenes, puedo convertirme en parte de este renacimiento'

La gente educada sabe que en Hollywood abundan los narcisistas pretenciosos, que practican su estúpido materialismo en un mundo de fantasía financiado por un público adulador e ignorante, y cuyo apetito por los detalles de los pecadillos sexuales de estas "estrellas" parece no tener fin.

No obstante, hay excepciones a esta regla, y Robert Beltrán es una de ellas.

Beltrán es un exitoso actor y director que ha participado en más de 25 películas, incluyendo Nixon de Oliver Stone, Lucha de sexos en Beverly Hills y Comiéndose a Raúl, donde hizo el papel protagónico. Quizás sea más conocido por su trabajo en televisión, en particular por su papel de Chakoty en la serie Viaje a las estrellas, en la que participó por siete años. Recientemente actuó en las películas Luminarias y Junkyard Saints and Broken Sky (Santos chatarra y un Cielo fracturado), una producción de PBS para la televisión.

Como él mismo señala en esta entrevista, su primer amor siempre ha sido el teatro. Beltrán fundó el Grupo de Teatro Clásico del Este de Los Ángeles, del que es codirector artístico, y pertenece al Taller de Teatro Clásico, con el que en 1997 coprodujo una puesta en escena de Hamlet, de William Shakespeare, recibiendo excelentes comentarios de la crítica. Beltrán dirigió esta producción y representó el papel protagónico.

Robert Beltrán empezó a participar de manera activa con el Instituto Schiller y el Movimiento de Juventudes Larouchistas (MJL) después de participar como ponente en la conferencia semestral del Instituto en septiembre de 2001, donde recitó fragmentos de las obras históricas de Shakespeare para ilustrar el desarrollo del concepto de Estado nacional. Después de eso empezó a dirigir un taller semanal de teatro con miembros del MJL en Los Ángeles, en colaboración con Harley Schlanger y Leni Rubinstein. En estos talleres han empleado la representación de escenas de Guillermo Tell, de Federico Schiller, y de Julio César, de Shakespeare, para desarrollar las habilidades necesarias para comunicar ideas profundas a través del drama clásico.

Harley Schlanger realizó esta entrevista el 18 de marzo de 2003.

Harley Schlanger: Robert, ¿cuál era tu intención cuando aceptaste trabajar el drama con miembros del MJL?

Robert Beltrán: Mi intención era de algún modo involucrarme de forma más activa en la organización de LaRouche; y como tengo cierta experiencia como actor y como director de teatro, sentí que esta sería la mejor manera de contribuir, por esa experiencia.

Schlanger: Los jóvenes presentaron la famosa escena del juramento de Rütli, del Guillermo Tell de Federico Schiller, en nuestra conferencia semestral de septiembre de 2002, misma que trabajaste con ellos en los últimos meses. ¿Cómo describirías su progreso?


Miembros del Movimiento de Juventudes Larouchistas representando
una de las escenas de la obra "Guillermo Tell" de Federico Schiller

Beltrán: Ellos están haciendo un gran progreso. Creo que la presentación en la conferencia no fue tan efectiva como algunas de las anteriores, como la que hicieron en la academia que tuvo lugar en San Pedro, California (en agosto de 2002—ndr.), y en la celebración del natalicio de Schiller (en noviembre de 2002—ndr.). La falta de tiempo es un obstáculo terrible; dos horas, una vez por semana, hace difícil dominar realmente a Shakespeare y a Schiller. Con todas sus otras actividades, organizando, las clases, etc., tienen muy poco tiempo para investigar los dramas y hacer las tareas que les pido. Fue sólo hasta hace poco que insistí en que memorizaran las escenas, incluso si sólo es una pequeña parte de una escena.

Schlanger: ¿Qué beneficio trae el memorizar las escenas?

Beltrán: Cuando memorizas, y sabes lo que estás diciendo y de qué se trata la escena, entonces tienes la libertad de empezar a trabajar de verdad. Mientras sigas pegado al libreto, no has reflexionado lo suficiente como para digerir por completo las ideas del autor, como para poder despegarte del libreto y mirar al otro actor a los ojos, y escuchar realmente con agudeza, que es una de las cosas que empiezan a aprender que es fundamental; la importancia de un proceso activo y veraz de escuchar, que es necesario en el drama.

Schlanger: ¿Qué efecto tiene sobre las personas que no son profesionales el trabajar en serio el gran drama?

Beltrán: Esta es una de las razones por las que quise trabajar con los jóvenes larouchistas, para poner a prueba esto, porque mi única experiencia previa ha sido con otros actores. Me parece que los actores que conozco que han trabajado bastante con Shakespeare son actores más prestos y, creo yo, más perceptivos, porque pienso que trabajar con Shakespeare te obliga a serlo. No puedes hacer una obra como Hamlet o Macbeth, o ninguna de sus grandes obras, sin tener que meditar de un modo profundo sobre las mismas; Shakespeare te obliga a hacerlo, porque estas son obras muy complejas.


Robert Beltran:"Cuando memorizas, y sabes lo que estás diciendo y de qué se trata la escena,
entonces tienes la libertad de empezar a trabajar de verdad". (Foto: Durante sus clases con el MJL)

Así que, si vas a trabajar con Shakespeare, realmente tienes que pensar en lo que significa; te ves obligado a pensar a cabalidad sobre qué trata la obra, sobre qué dice el dramaturgo al escribir la obra. Si tienes la experiencia de hacer estas obras una y otra, y otra vez, de este modo te acostumbras a pensar con profundidad, y eso sólo puede ayudarte como ser humano.

También descubres, muy pronto, a partir de este tipo de trabajo, que existe una división obvia y enorme entre un gran escritor como Shakespeare o Schiller, y prácticamente todos los demás dramaturgos.

Schlanger: Te has convertido en un crítico abierto de la cultura popular de los Estados Unidos. Puesto que has participado en parte de ella, la conoces desde adentro. También has dirigido y actuado en puestas en escena de Shakespeare. ¿Qué piensas del problema de la cultura popular moderna?

Beltrán: (risas) Bueno, lo desagradable de ser un actor serio en los EU —y quizás en todo el mundo— es que, para ganarte la vida, tienes que actuar en estas películas y dramas de televisión mediocres y estereotipados. Rara vez ofrecen un desafío a un actor serio, en lo intelectual o de cualquier otra forma, y no le ofrecen nada de valor al espectador.

Sin embargo, sí tienen el efecto de embaucar a la gente para que crea que está viendo algo grandioso. Conozco esto de primera mano, al haber trabajado en Viaje a las estrellas por siete años. No sé cuántas personas, al platicar conmigo, hablan y hablan, en éxtasis total, de la "ideología y filosofía" de Viaje a las estrellas, de la "visión" de Gene Roddenberry. De no haber estudiado a Shakespeare y otras grandes obras, ¡me habrían vendido el cuento de que hacía una gran obra humanitaria en Viaje a las estrellas! Lo cierto es que quienquiera que de veras crea eso sobre Viaje a las estrellas, tiene un grave problema de educación, un problema con su percepción del drama, la literatura y el arte.

Cuando asisto a una convención de Viaje a las estrellas, es interesante ver que, si digo algo negativo y les pregunto a los participantes, "¿qué es en realidad esta ideología?", si de veras tenemos un intercambio al respecto, en privado, a menudo terminarán diciendo: "Tienes razón, algunos de estos fanáticos están locos, necesitan ocuparse en algo, esto les está lavando el cerebro". ¡Siempre le echan el problema a otro!

Pero no sólo es Viaje a las estrellas, es toda la estupidización de la cultura.

Schlanger: Mencionaste que ves esto como un problema de educación. ¿Ves este problema reflejado en los escritores y en otros actores, la carencia de una educación clásica que, por ejemplo, vincularía el drama con el estudio de la historia?

Beltrán: Creo que sí, creo que es palpable. Los últimos tres años en Viaje a las estrellas no fui muy popular con nuestros escritores, porque lo que nos daban para representar ya me tenía hasta la coronilla. Me quejaba de ello. Parecía faltarle profundidad. Con Viaje a las estrellas tenías oportunidad, a lo más, de representar una moraleja de una hora cada semana. No era gran arte.

Schlanger: Así que, ¿no crees que dentro de trescientos años la gente verá Viaje a las estrellas como un gran drama?

Beltrán: No, si es que alguna vez llegamos al grado de reintroducir una educación de verdad positiva, una que ponga el acento en la cultura clásica, entonces Viaje a las estrellas, y prácticamente toda nuestra cultura actual, se verá como una aberración.


Un grupo del MJL de California durante unos ensayos

Schlanger: Tú has intentado llevar el drama clásico a los jóvenes en Los Ángeles, presentando proyectos, por ejemplo, en un centro cultural hispano. ¿Qué crees que se necesitará para restaurar la tradicción clásica en el teatro y en el drama en los Estados Unidos?

Beltrán: Ésa fue una de las razones por las que empecé a trabajar con la gente del MJL. Quería hacer un experimento. Siempre pensé que estar expuesto de la forma correcta a la gran literatura —en especial a Shakespeare—, es crucial. La razón por la que digo estar expuesto de la forma "correcta", es porque, cuando recién empezamos a trabajar con Shakespeare y Schiller, sentí que la percepción que los jóvenes organizadores tenían de las obras era más bien superficial, y que le faltaba profundidad. No estaban profundizando, por ejemplo, en Schiller, para ver qué nos pedía que investigáramos.

Conforme empezamos a trabajar en las escenas, les señalaba cosas que le faltaban a su actuación. Luego empezaban a ver que todo un mundo nuevo se abría ante ellos, en cuanto a las posibilidades del drama. Entonces empezaban a ver su importancia.

Uno de los motivos por los que me atrajo tanto el movimiento de LaRouche, y el propio Lyndon LaRouche, es que Lyn nos se anda por las ramas acerca de la importancia del drama clásico para la sociedad. Para mí, como actor serio, es maravilloso escuchar a uno de los grandes hombres de este siglo, y del pasado, hablar con tanta elocuencia sobre esto.

De modo que, una vez que los organizadores vieron qué tan importante es este proyecto, y vieron la gran belleza y profundidad de estas obras, su trabajo comenzó a mejorar cada vez más.

Schlanger: Mencionaste este asunto de un "experimento". Con quienes estás tratando, en la mayoría de los casos, con estos jóvenes, son muchachos muy brillantes, que han tenido una educación terrible. Si leyeron a Shakespeare, ya no se acuerdan. Obviamente no tienen experiencia con Schiller. Sin embargo, aunque tienen estos antecedentes, ahora han desarrollado un sentido de propósito para sus vidas. ¿Supongo que eso es a lo que te refieres con este experimento, que estás demostrando la importancia del drama clásico para alcanzar una misión superior en la vida?

Beltrán: Sí. Primero tuve que ver lo que sabían de Shakespeare y de Schiller. Me sorprendió que, cuando empezamos a trabajar en ello, muchos no habían leído Guillermo Tell; de hecho, yo tampoco, porque mi contacto con Schiller en realidad era insignificante. Sólo empecé a leer sus obras porque quería trabajar con los jóvenes. Ahora soy un gran admirador de Schiller.

Schlanger: Ya que has estado estudiando los dramas y escritos relacionados de Schiller, ¿qué efecto ha tenido esto en tu identidad como artista creativo?

Beltrán: Me ha inspirado a buscar una veracidad y profundidad más elevadas como artista. También ha llevado mi prosecusión de Shakespeare a un nivel superior. Ya no pienso del mismo modo sobre las obras. Tuvo un profundo efecto en mí, me ha hecho exigirme más como artista.

Schlanger: Schiller es profundamente personal.

Beltrán: Sí, creo que es una bendición tener los escritos de Schiller, que escribió de forma tan extensa sobre sus obras, y su filosofía de la vida y del drama. Mala suerte que no tengamos eso de Shakespeare. ¡Y qué mal que tantos escritores modernos se toman la molestia de ofrecernos sus opiniones!

Acabo de trabajar con un conocido y popular escritor estadounidense en un taller. Es muy brillante, pero qué concepto tan vanal del drama tiene, y de su impacto potencial sobre la sociedad. Esa experiencia realmente me decepcionó.

Schlanger: Recientemente Lyn ha escrito con gran amplitud sobre la importancia de la tragedia como un medio por el cual una población puede reconocer las fallas en su forma de pensar, de modo que individuos dirigentes puedan cambiar la forma en que piensan, permitiéndoles actuar para evitar la destrucción de la nación. ¿Hasta dónde el trabajo de LaRouche sobre la tragedia ha influenciado tus ideas al respecto?

Beltrán: Bueno, específicamente, cuando trabajaba en Hamlet, antes de conocer la organización de LaRouche, llegué a darme cuenta de que, para alcanzar toda la tragedia de la obra, debe presentársele al público, dentro de la misma, la condición de la sociedad. Supe que teníamos que presentar a la corte como una sociedad decadente, una sociedad que se había convertido por completo en cómplice del nuevo rey, que no le interesaba hacer preguntas, una en la que la gente, como Lyn ha subrayado, sólo "seguía la corriente para pasarla bien".

Así que cuando empecé a leer los escritos de LaRouche sobre la tragedia, sólo confirmó lo que pensé sobre Hamlet. Ahora es muy obvio para mí en otras obras.


Robert Beltran: "Uno de los motivos por los que me atrajo tanto el movimiento de LaRouche,
y el propio Lyndon LaRouche, es que Lyn nos se anda por las ramas acerca de la importancia
del drama clásico para la sociedad"

Schlanger: Hace poco empezaste a trabajar Julio César con los jóvenes. Tú has recalcado que para entender la interacción entre los personajes tienes que entender, desde el principio, que la turba y la cuestión de la vox pópuli son rasgos centrales en la obra.

Beltrán: Una de las primeras preguntas que hice, después de leer la obra, fue: "¿Quién es el antagonista en la obra?" Un par de ellos dijeron, con mucha perspicacia: "La gente, los ciudadanos". Yo esperaba que lo vieran. Algunos dirán que Casio, pero creo que el verdadero antagonista es la vox pópuli.

Schlanger: ¿Qué fue lo primero que te inspiró para adoptar la actuación como profesión, en tu calidad de producto de la educación pública de California?

Beltrán: ¡Sí, la educación pública de East Bakersfield, California! Debo decir que una vez fui al teatro con mi hermana y con mi mamá, cuando era muy chico, y fuimos a ver la película Ben Hur. Recuerdo que me conmovió ver al público llorando al final, cuando la madre y la hermana de Ben Hur se curan de la lepra. Qué cosa tan maravillosa, pensé, el poder conmover a la gente de esa manera.

Luego, varios años después, cuando vi la película de Franco Zeffirelli de Romeo y Julieta, eso de veras me conmovió. En la escuela de educación media leí Romeo y Julieta, que recordaba de la película, y la devoré, y descubrí que la obra me gustó aún más que la película. Después leí El mercader de Venecia, que me pareció una obra maravillosa, y luego Macbeth y Hamlet. Me encantó este bello lenguaje, y estas ideas extraordinarias. Más tarde profundicé mi apreciación, pero siempre estimé el lenguaje bello y la profundidad dramática.

Schlanger: Lyn ha venido discutiendo la importancia de desarrollar la imaginación, de que es mediante la imaginación cognoscitiva que se desarrollan las nuevas ideas. ¿Puedes comentar algo sobre esto? En nuestra cultura contemporánea, todo es tan explícito. En contraste, hay un coro con el que inicia Enrique V de Shakespeare, donde se apela directamente a la imaginación del público.

Beltrán: Esto nos lleva de vuelta al asunto de poner al público moderno en contacto con la tradición clásica. ¡Para ellos es una gran revelación el saber que realmente pueden pensar! ¡Es cierto! Yo tuve la buena fortuna, cuando empezaba como actor, de poder realizar una gira con Shakespeare por California; ese fue uno de mis primeros trabajos como profesional, representando escenas en escuelas de educación media y universidades. Llegué a ver, en talleres para estudiantes, que había una transformación en su percepción de Shakespeare.


Robert Beltran: "Esto nos lleva de vuelta al asunto de poner al público moderno en contacto
con la tradición clásica. ¡Para ellos es una gran revelación el saber que realmente pueden pensar!"

Al principio había indiferencia; pero en cuanto descubrieron que podían entenderlo, que podían dominarlo, se emocionaron. Así que sé que, al entrar en contacto con Shakespeare, junto con algo de buena ayuda dándoles herramientas para entenderlo, ellos pueden responder, y conmoverse por el gran drama.

Schlanger: ¿De modo que estarías a favor de poner un acento mucho mayor en el drama clásico como parte del plan de estudios para mejorar nuestro sistema educativo?

Beltrán: Creo que es absolutamente necesario. Mi experiencia aquí, en trabajar en este experimento con los jóvenes organizadores, lo comprueba. Estoy viendo la transformación. Casi no dudé que podía ayudar. Así que estoy convencido de que, aun a una edad temprana, la gente puede empezar a apreciar, y a beneficiarse, de la profundidad y belleza de las obras de Shakespeare y Schiller. Sólo necesitas maestros que sepan algo al respecto, y que puedan presentarlo de modo eficaz en una forma que inspire a los alumnos. Por desgracia, parece que hoy tenemos demasiados maestros que no saben hacer eso, o que han tirado la toalla.

Schlanger: ¿Y a ti, en lo personal, como te ha afectado el trabajar con estos jóvenes?

Beltrán: Es lo mismo que pasa cuando diriges una obra. En cierto sentido regresas a la escuela, porque te ves obligado a ponerte en sus zapatos. Nosotros empleamos nuestro tiempo como un "laboratorio de ciencia", en analizar una obra, una escena de una obra, el cómo hablar, qué gestos usar; me lleva de vuelta a la escuela, para pensar de nuevo cómo comunicar de la forma más eficaz las ideas en la escena. La escena se ilumina para mí, y empiezo a ver nuevas posibilidades en ella.

Desde que empecé a trabajar con Schiller, mi propia percepción de lo que está en el libreto ha cambiado, y me he visto obligado a exigirme más para realmente lograr lo que Schiller ofrece en la obra. Me hace un actor más cabal, y un ser humano más cabal.

Schlanger: Déjame preguntarte sobre lo que Lyn critica como el enfoque de la "escuela de actuación de Laurence Olivier", la escuela del "¡mírenme! ¡Mírenme!" Supongo que consideras que, dada nuestra cultura y su obsesión con el "yo", éste es un problema para principiantes en el drama. ¿Cómo llevas a la gente más allá de esto?

Beltrán: (risas) Algunos de los jóvenes tenían alguna experiencia en teatro de la universidad, incluso de algunas clases privadas. Hay tantas aquí en Los Ángeles, cursos de teatro, literalmente hay negocios en cada esquina en los que algún gurú les arrebata su dinero a estas pobres almas.

Una de las cosas buenas de trabajar con la Juventud Larouchista es que hemos desarrollado un vocabulario similar. Yo puedo decir: "Miren, toda esta escuela de actuación de Olivier, y la escuela del sistema de actuación, es basura romántica. No se trata de investigar una obra. No se trata de hacerle llegar las ideas al público. Se trata de hacer que el público tenga fantasías sexuales sobre ti. Ese no es el propósito del drama. Nunca lo ha sido, y nunca lo será".

Así que cuando veo, en las escenas que estamos haciendo, que alguien aborda la escena de ese modo, puedo preguntarles: "¿Qué tiene esto que ver con la escena de la obra?" La "filosofía Olivier" inunda hoy la actuación, todas las escuelas de teatro siguen el modelo de la escuela Lee Strasberg, que de lo que se trata es de: "¿Cómo puedo hacer de esta obra una gran experiencia para mí?" Es decir, ¡cómo uso la obra como una psicoterapia para mí! El público es secundario. Lo más importante para los actores hoy, es: "Si puedo hacer un papel, ¿me ayudará a conseguir una película?"

Por desgracia en eso se ha convertido la profesión de la actuación. Todavía hay otros actores que piensan como yo, pero la mayoría no.


Robert Beltran:"Los artistas definitivamente tienen que ver su lugar en el marco de la historia"

Una vez que logro que los jóvenes vean que la elección que están haciendo, en la forma en que representan una escena, no ayuda a la obra, entonces se ven obligados a reexaminar su personaje en el contexto de toda la obra, de modo que puedan iluminar de forma veraz al público sobre lo que trata la misma, no de cómo deben sentirse por el personaje en algún momento en particular. Así es como te deshaces de todas las falsas emociones innecesarias desde el comienzo. Si te concentras en iluminar la obra para el público, la paja puede hacerse a un lado con facilidad. Y creo que están llegando a eso.

A menudo puedes decir quién es un actor por sistema, por la forma en que sobreactúa. Ese fue uno de los problemas que vi con la presentación en la conferencia semestral. Me pareció como si la "generación sin futuro" intentara huir de todos sus problemas; ¡había mucho aleteo de brazos!

Schlanger: ¡El aleteo debiéramos dejárselo a los gallinazis!

Beltrán: Sí, exacto. Ahora trabajamos en eliminar los ademanes redundantes en una escena. Y está saliendo bien. Cuando dejan de hacerlo, eso permite que su comunicación se vuelva mucho más poderosa, porque no la diluye la gesticulación innecesaria.

Schlanger: Para cerrar, quisiera regresar a la cuestión del papel del arte en la cultura y, en particular, el del artista. Este es un momento de gran crisis, de turbulencia política y social. Schiller, cuando escribió sobre la oportunidad perdida de la Revolución Francesa, señaló que "un gran momento encontró gente pequeña". Él escribió que es a través de la belleza que puede llevarse a la gente a la verdad. ¿Consideras tu trabajo, con el MJL y de forma más amplia, como parte del proceso de llevar belleza a lo que es una cultura fea y decrépita, como una forma de transformarla?

Beltrán: Exactamente. Yo en verdad creo que Schiller escribió sobre esto, sobre el papel decisivo que el artista, y el arte, desempeñan en el mejoramiento de la sociedad. El acento de LaRouche en esto es muy importante; yo lo tomo muy a pecho. Al trabajar con estos jóvenes, con esto en mente, puedo convertirme en parte de este renacimiento, que espero podamos alcanzar en este país, y en todo el mundo. Esta esperanza me inspira, y realmente me ofrece una oportunidad, como artista, para dedicarme a un ideal superior.

Creo que esto es lo que Schiller quizo decir en su famosa cita acerca de la "pequeñez" al momento de la Revolución Francesa: que el hombre común debe tener a su disposición las herramientas, en la forma de grandes ideas, si es que ha de ponerse a la altura de la ocasión que presenta un "gran momento" de oportunidad para el cambio.

Los artistas definitivamente tienen que ver su lugar en el marco de la historia. Hay algunos que, como "artistas", son felices haciendo Rambo VII, y cobrando el dinero. Pero para que ocurra un cambio benéfico, algunos deben dedicarse a un fin superior, hacer su parte para llegar a la gente con las ideas más poderosas. Yo puedo hacer eso representando un gran drama, o ayudando a las personas a ser competentes para que puedan representarlo. Al hacer esto, puedo ayudar a mantener viva esta gran literatura, manteniéndola en la conciencia de la sociedad, en la esperanza de que inspirará a generaciones futuras a convertirse en gente "más grande".

El lector puede escuchar, en inglés, el taller de drama sobre Julio César, de Shakespeare, realizado en una academia de la Juventud Larouchista del 1 de febrero de 2003, en el sitio electrónico del MJL, www.wlym.com, bajo el subtítulo de "Drama".


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